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Liderazgo: qué podemos aprender de Toni Nadal, Phil Jackson y Vicente del Bosque

Recopilado por: AGNUS® PUBLICIDAD
liderazgo deportivo

Me interesa la figura del entrenador de élite, aquella persona que tiene que lidiar con los talentos en un ambiente muy competitivo y que está en el punto de mira de aficionados, directivos o los propios deportistas. En todas las disciplinas, hay entrenadores legendarios, que han sido capaces de moldear a sus equipos hasta convertirlos en máquinas de ganar. Las tres Champions del Real Madrid de Zinedine Zidane, los 19 títulos de Xavi Pascual en el FC Barcelona de baloncesto, los éxitos y las polémicas de Anna Tarrés en natación sincronizada, las medallas constantes de la gimnasia de los países del Este o el “partido a partido” de Diego Pablo Simeone representan modelos distintos de ejecución de la disciplina deportiva. Es un territorio abonado para la distinción entre el ejercicio del mando y del liderazgo.

A mi generación nos marcó Johan Cruyff, aquel holandés que trajo la alegría al césped y transformó la historia del fútbol contemporáneo. Su estilo, sus palabras y sus resultados influyeron de forma decisiva en la configuración del fútbol español y europeo. En mi opinión, Cruyff fue el primer entrenador con más espíritu de liderazgo y menos atención a los fundamentos teóricos, que dejaba en manos de su equipo. Ya lo anticipó en su lema: “Jugar al fútbol es muy simple, pero jugar un fútbol simple es la cosa más difícil que existe”. Aquel holandés sí que era un macho alfa, un ejemplo de autoestima y confianza en su criterio.  

En el panorama actual, creo que podemos extraer lecciones para el liderazgo de la mano de las ideas, las conferencias o los libros de tres grandes entrenadores. Son Toni Nadal, Phil Jackson y Vicente del Bosque, quienes han roto la barrera del deporte para ganar peso en otras disciplinas, más cerca de la gestión del talento y la ejecución de proyectos –en principio- imposibles.

Podemos aprender de ellos en distintos formatos. Son creadores de un estilo propio, que ha moldeado ganadores y ha conseguido domar el talento, para ponerlo al servicio de la cuenta de resultados: nunca les faltará trabajo. Son líderes trascendentes, según la terminología que recientemente empleamos para hablar de personas capaces de crear estructuras ágiles para la colaboración en lo esencial del negocio y dejar a un lado los egos. 

 

Toni Nadal: no hay liderazgo sin ejemplo

Toni Nadal ha sido el entrenador de su sobrino Rafael Nadal, uno de los mejores tenistas profesionales de la historia. Esa vinculación familiar ha facilitado su relación profesional, porque comparten los mismos valores. Se prodiga en ambientes educativos con tres mensajes: sacrificio, disciplina y ejemplo. Para Nadal, el sacrificio consiste en el trabajo constante, sostenido en el tiempo. Ha explicado que moldear tu cuerpo es rápido y bastan unas horas de gimnasio a la semana, pero que organizar la cabeza para que funcione a pleno rendimiento en un entorno de presión es otra tarea distinta. La disciplina es la capacidad de repetir y repetir los mismos ejercicios y entrenos hasta que la ejecución sea perfecta. Apunta Toni que no es sinónimo de la autoridad del entrenador, que es una cualidad ajena al sacrificio personal, sino que emana de uno mismo. El régimen disciplinario puede significar imponer tu voluntad con premios o castigos, pero no ganarte el respeto de tu equipo. Para eso encontramos la tercera pata: el ejemplo.

No hay liderazgo sin ejemplo, que consiste en la capacidad de afrontar los desafíos, asumir los riesgos y las equivocaciones en primera persona y no culpar a los demás de los errores propios. El ejemplo es síntoma de madurez personal y permite la autocrítica positiva, que permite evaluar aciertos y errores durante el torneo. La ejemplaridad es una responsabilidad que se adquiere con una mentalidad clara sobre qué es importante y qué es urgente.  El camino de la ejemplaridad conduce a la respeto al otro, que también se esfuerza por conseguir los mismos resultados en un circuito inexorablemente individualista. Para el entrenador, estas tres vías contribuyen al liderazgo deportivo por encima de los resultados, porque –eso repite- el éxito es efímero.  

 

Phil Jackson: el liderazgo distribuido

Phil Jackson ha ganado once veces el campeonato de la NBA como entrenador y dos como jugador. Ha dirigido a Michael Jordan, Kobe Bryant, Shaquilloe O’Neal o Pau Gasol. Es un personaje de la cultura popular de Estados Unidos y, por extensión, del mundo. Ha escrito ocho libros con su experiencia deportiva, muy basada en los valores de la gestión de talentos explosivos, en su relación entre ellos. Entre los mensajes destaco su propuesta de liderazgo distribuido, que evita que el entrenador sea siempre el que tiene la última palabra. No se impone la autoridad individual cuando hay voluntad de ser equipo. Jackson considera que hay que convertir en sagrado algo tan normal como jugar al baloncesto; sagrado es el entrenamiento, la rutina, la técnica y el esfuerzo diario por mejorar. Sin estos elementos, no se puede progresar. En otro orden, escribe una sentencia magistral: la táctica no puede devorar la estrategia. Si queremos influir en cada decisión que toma cada jugador en cada jugada, acabamos con la creatividad y el espíritu de equipo. Una buena estrategia es aquella que marca las líneas generales –misión, visión- y promueve la libertad individual en la ejecución.   

 

Vicente del Bosque: el liderazgo tranquilo

Por último, aparece Vicente del Bosque; fue el primer seleccionador nacional de fútbol en ganar el Campeonato del Mundo, en Sudáfrica 2010. Antes había sido un futbolista de éxito y un entrenador de primer nivel en el Real Madrid. Con esta trayectoria, podríamos esperar un tipo seguro de sí mismo y sin dudas. En cambio, en sus entrevistas y actividades públicas refleja todo lo contrario. Del Bosque representa el liderazgo tranquilo de quien sabe que combina la autoridad moral de haber sido jugador de élite y entrenador ganador de casi todo con el mando sobre el vestuario. Es salmantino y parco en palabras de moda, porque considera que si la idea o el proyecto están claros para el equipo, se necesitan pocas explicaciones.

No hacen falta manuales para quienes pueden explicar su propuesta de valor con sencillez. La ejecución depende de la técnica, que sí es una regla que requiere método, repetición y entrenamiento. La técnica diferencia la buena suerte de la certeza: un proyecto bien ejecutado tiene mayores posibilidades de éxito. Del Bosque remarca también la atención individualizada. Los jugadores son ególatras y hay que embridar sus deseos individuales para orientarlos al servicio de la orquesta. Su receta es simple: escucha activa para atender a las necesidades particulares de cada uno. Casi literalmente ha glosado que escuchar no debilita, sino que refuerza tu posición de liderazgo. ¡Menudo toque de balón! 

Con estos tres entrenadores, podríamos escribir un manual completo de administración y gestión de organizaciones. Disfrutemos de sus lecciones.

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