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Lo que aprendí tras un año en una ‘startup’ en Bangkok

Recopilado por: AGNUS® PUBLICIDAD
Trabajar en Bangkok

Antes de empezar…

Esto es ante todo una historia personal. No es raro eso de comenzar escribiendo que hay gente que sabe más que tú a modo de ejercicio de (a veces falsa, a veces honesta) humildad: no es el caso.

Si quieres aprender de verdad “cosas sobre startups” hay muchos libros, blogs o podcasts que puedes leer y escuchar. Tampoco es que “no sepa nada”, pero hay miles de sitios mejores para aprender (lo que sí tengo es una lista de enlaces muy curiosona; si te interesa, pídemela a través de los comentarios y te la enviaré por correo electrónico). Igualmente, si quieres aprender sobre Bangkok, el ecosistema económico de Asia y temas similares, este no es el post.

¿Qué te vas a encontrar aquí? Como decía, una historia personal sobre el cambio, la famosa zona de confort y algunas anécdotas curiosas.

 

Un cambio radical

Por dar contexto a la historia, tras varios años en nuestros respectivos puestos de trabajo, Tamara (mi novia) y yo decidimos tomarnos un año sabático para viajar por Asia. Y para “pasar el rato” decidimos empezar un blog / proyecto de investigación sobre startups y transformación digital en Asia.

2geeks1city.com fue el nombre elegido, a sabiendas de que los números en el nombre del dominio no son la mejor idea del mundo. Gracias a nuestro blog conocimos a algunos de los emprendedores top de la región asiática y coronamos el fin del viaje con una ponencia sobre nómadas digitales en El País Con Tu Futuro. Y, aunque todavía no lo sabía, también me serviría para probar suerte en el mundo startup de la mano de 500Trends.

Tras un año leyendo, escribiendo y respirando el ambiente startup, tenía ganas de saltar la barrera y entrar en la arena. Y la idea de vivir en Bangkok nos parecía de lo más atractiva.

Una vez de vuelta en España (por distintos motivos que darían para otro post), estas son algunas de las cosas que he aprendido sobre mí mismo:

 

Dar el salto a lo desconocido siempre es difícil

Cuando dije “sí” a la propuesta que me hizo Marcos para incorporarme a 500Trends, estaba relativamente tranquilo. Había “apalabrado” mi vuelta a Good Rebels (la empresa que dejé atrás cuando nos fuimos de año sabático), pero una conversación con el CEO, Fernando Polo, hizo que todo pareciera normal: era una oportunidad lo bastante inusual y oportuna (mudarse a Bangkok como CMO de una startup de eCommerce) como para decir que no.

Todo parece más fácil cuando tienes unas semanas de por medio y estás en casa de tu madre viendo la tele. Pero al final llega esa noche en que te acuestas y sabes que mañana (no dentro de dos semanas o de tres días, mañana) tienes que coger el equipaje y subir a un avión para recorrer más de 10.000 kilómetros. Que tienes que aterrizar y presentarte en un trabajo nuevo donde no conoces a nadie, para trabajar en un entorno completamente distinto.

Los cambios siempre asustan. Por mucho que desarrolles el músculo de la resiliencia y leas frases en tazas muy monas sobre lo mucho que mola empezar de cero, cuando llega el momento, siempre vas a asustarte.

Si estás buscando consejo, no sé si soy el más indicado para dártelo, pero lo haré de todas formas: sigue adelante y punto.

 

El síndrome del impostor es real

Quien más, quien menos, ha leído (o sufrido) el síndrome del impostor (o impostora): tus logros dan igual, sientes que no te mereces dónde estás y que no tienes ni idea de nada. Piensas que todos se enteran de algo que tú no eres capaz de ver, que vas a hacer el ridículo y sobre todo piensas que estás engañando.

Aunque cuando me planté en Bangkok tenía años de experiencia profesional a mis espaldas, había liderado equipos y gestionado proyectos de centenares de miles de euros, me sentía así. Había factores reales (cosas que me superaban, luego hablaré sobre ellas) y factores imaginarios. Al final sólo tienes una solución: hacerlo lo mejor que puedas.

¿La realidad sobre el síndrome del impostor? No es que te imagines que eres un impostor, es que lo eres.

Todos somos impostores. Lo sigo siendo y seguramente tú, que lees esto tranquilamente desde el móvil o el ordenador, también lo seas. Antes de empezar a escribir este artículo tuve que librarme del síndrome (de ahí la introducción), así que supongo que nunca terminé de domar a la bestia.

Pero no pasa nada. Porque aunque suene contraintuitivo, pensar esto puede ser liberador. Seth Godin lo explica mejor y más brevemente que yo: lo más probable es que no seamos las personas más cualificadas del mundo para hacer lo que estemos haciendo, pero no nos queda otra que tirar para adelante y hacerlo lo mejor que podamos.

 

Empezar de cero suena muy bien, pero significa que no tienes nada

Tras unos cuantos años trabajando en España (sobre todo en Madrid), había construido cierta red: no es que fuera un capo, pero conocía (conozco) gente “del sector”. Podía pedir feedback sobre una persona en concreto, porque rara vez me encontraba a nadie a más de dos grados de separación. Sin ser ningún gurú, también tenía algo de facilidad para meterme en charlas, cursos, saraos y demás.

Te acostumbras a cierto status. Y status no tiene por qué significar tener un chófer (spoiler: nunca lo tuve): puede ser tan sencillo como no tener que presentarte de cero cada vez o saludar a unos cuantos conocidos en un evento. O que conozcan la empresa en la que trabajas. O tus clientes.

Pero un buen día todo cambia: nadie te conoce, no conoces a nadie, trabajas para una empresa pequeña con poco dinero a la que tampoco casi nadie conoce y básicamente “empiezas de cero”. Que sí, suena muy guay, pero es como retroceder diez años en muchas cosas.

Y no sólo aplica a tu red: en una cultura nueva tus conocimientos, al menos parte de ellos, se vuelven irrelevantes.

La parte buena es que te toca hacer un back to the basics: puede que el entorno sea distinto, que el usuario vea programas de televisión que no sabías que existían o que la sociedad que te rodea de parezca muy alien. Pero si piensas en estructuras y no en parámetros, serás capaz de entender las cosas antes de lo que crees.

 

Romper tus límites y salir de tu zona de confort

Aunque muchas de las limitaciones sean fruto de tu imaginación, otras son reales. Ojo, reales no quiere decir inamovibles o que no las puedas cambiar: pero en el corto plazo pueden hacerte cierta pupa.

En mi caso, lo que más problemas me causó fue mi nivel de inglés. ¿Es malo? Para trabajar y vivir en España es más que suficiente. Leo, escribo y me desenvuelvo en conversaciones de negocios de forma aceptable. Pero en un entorno de expatriados estaba en clara desventaja. Hablar en un evento en inglés estaba por encima de mis posibilidades (al menos, de una forma digna). Expresar ideas complejas en conversaciones rápidas con varios actores me dejaba agotado y con resultados endebles. En cierto sentido era como tener el tobillo torcido: sí, puedes andar y desenvolverte, pero en cuanto empieza la carrera lo vas a pasar mal.

 

Buscar analogías puede ser útil, pero solo hasta un punto

En busca de la familiaridad verás parecidos donde los haya… y donde no. En mi caso, buscaba analogías por todas partes entre el mundo que mejor conocía (agencia / consultora) y el que menos (startups).

Aunque puedan existir puntos en común entre clientes y Venture Capital, no deja de haber grandes diferencias: un cambio brusco requiere que pienses de forma diferente. Y las analogías pueden ser útiles, pero sólo hasta un punto, pasado el cual puedes empezar a ver espejismos.

Todos los trabajos son difíciles. Pero crear algo nuevo, mucho más. Aunque el proyecto ya existía cuando entré, la sensación de entrar en uncharted territory, de ir sin mapa, era grande.

No puedo decir que fuera algo a lo que no estuviera acostumbrado. Estar en los inicios de una empresa de servicios profesionales es difícil (es un decir, cuando entré en Good Rebels la empresa tenía más de diez años, pero éramos siete personas; cuando me marché, unos 120). Pero creo que lo es mucho más en una empresa orientada a cliente final y más en un mercado que no conoces.

Si algo he aprendido es a valorar mucho más el trabajo de creación: tras los brillantes casos de éxito y las muchas slides que se escriben, hay mucho sufrimiento y apuestas a ciegas.

Es mucho más fácil gestionar un gran presupuesto o contar con una gran marca detrás: empezar con nada (o poco) es mucho más complicado.

¿Esto es todo? Bueno, aprendí cómo aprovechar recursos, trabajar con personas de otras culturas, establecer relaciones, preparar pitches o lo que era una cap table. Pero eso, es otra historia.

¿Recomiendo empezar de cero, lanzarse a la aventura y vivir nuevas experiencias? Sí. Sin duda.

Es lo único que nos hace crecer y comprendernos a nosotros mismos. Pero creo que tenemos un exceso de frases facilonas que molan mucho y la realidad es un pelín más compleja.

Dicho esto, no pienso acabar escribiendo “si no estás preparado, no lo hagas”. Porque nunca, nunca se siente que se está preparado. Y esa es parte de la gracia.

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