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Tú también has copiado a otros

Recopilado por: AGNUS® PUBLICIDAD

Vivimos en el país del emprendedor Gollum, ese que piensa que su idea es un tesoro y no quiere compartirla para que no se la copien. Javier Martín, cofundador de Loogic, lo define de la siguiente manera:

El emprendedor Gollum se obsesiona con su idea, se la queda para él y nunca llega a desarrollarla. Es alguien que está empezando y está muy ilusionado con su idea, pero no quiere contarla por si se la copian. Eso en Internet es un error. Quizá en otros sectores en los que haya patentes tenga más sentido, pero en Internet no. Es mucho mejor contar una idea por los beneficios que puede aportarte, que guardarla en un cajón y que nunca llegue a desarrollarse.

Hay otra variante, que es la del emprendedor que sí cuenta su idea, pero cree que es suya exclusivamente y que nadie que la haya escuchado puede montar algo similar, ¡mi tesooooro! Es por ello que los principales business angels no firman NDA (acuerdos de confidencialidad), porque no quieren que luego les acusen de plagio si participan en proyectos similares o montan algo que pueda sonar parecido.

El problema de este tipo de emprendedor es que no es consciente de que en el mundo hay 7.300 millones de personas, la mayor parte con el mismo nivel de acceso a la información, y muchas con capacidades intelectuales similares o superiores a la suya. Por tanto, si se te ha ocurrido una idea que no se le ha ocurrido a nadie más en el mundo, sin duda, es mala. Cuando lancé la editorial Bubok, en Estados Unidos ya había proyectos similares, de los que tomamos la idea base, y sobre ella hicimos cientos de innovaciones que nos llevaron a conseguir varios premios.

Lo mismo ha sucedido con mi actual proyecto, UNIK®. Surgió porque, de casualidad, me invitaron como jurado al Fashion Weekend Lab, y allí descubrí el sector de la moda y a un grupo que quería montar un proyecto en ese sector y luego vi que ya había decenas de emprendedores que habían lanzado con anterioridad una idea parecida.

Pero aquí es donde radica el quid de la cuestión, tener una gran idea no vale de nada, tienes que tener millones de pequeñas ideas que te diferencien y ejecutarlas de forma sobresaliente. Por ejemplo, una idea para un libro que sea “chico conoce chica, se enamoran, sus familias se oponen y aquello acaba como el rosario de la aurora” está muy bien, pero si lo escribe Shakespeare sale Romeo y Julieta y si lo escribiera yo, seguramente saldría un “churro”.

Ahora vayamos un paso más allá. Uno de los principios básicos de la creatividad es que solo podemos generar ideas nuevas basándonos en otras ya existentes. Ningún invento surge de la nada, sino como combinación de todo lo que hemos aprendido y observado previamente. Así que, les guste o no a los emprendedores Gollum, ellos también están copiando y haciendo combinaciones de ideas que -como decía al principio- se le habrán ocurrido antes a alguien en algún otro lugar del mundo. Ojo, sí que hay ideas patentables, pero son siempre conceptos muy concretos y no generales como el del libro de Shakespeare que mencioné antes.

Como dijo Picasso, “la creatividad existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Así que no perdamos el tiempo, y una vez que surja la idea, lo mejor es hacer algo productivo con ella. En mi experiencia, siempre ha sido mejor compartirla para enriquecerla, que no contarla. Es lo que hicimos con Bubok. Muchos conocen la historia: lo lanzamos el 16 de abril de 2008, pero siete meses antes, en septiembre de 2007, abrimos un blog para empezar a contar la idea y participamos en varios eventos donde fuimos explicando todo lo que queríamos lanzar. Pensamos que el riesgo de ser “plagiados” era menor que los beneficios que podíamos obtener, y así fue, porque lo que nos hizo diferentes fue la forma de implementarla, no la idea en sí.



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